Más allá de factores conocidos como pueden ser la dificultad para congeniar agendas y
horarios de entrenamiento con otras áreas importantes (familia, trabajo, ocio, etc.) la
desmotivación deportiva puede presentarse como un desnivel o desequilibrio producto de no lograr establecer metas concretas y objetivos realistas.
El atletismo es un deporte individual, pero que se compite -y también se entrena- muchas veces grupalmente, es un terreno en el que con facilidad pueden producirse situaciones que afecten la adherencia del deportista con su actividad: falta de resultados, frustración, comparación excesiva, necesidad de validación, etc. Todos estos factores amplifican lo que los psicólogos llamamos “motivación extrínseca”, la cual se caracteriza por poner el foco en el afuera, en la recompensa externa o "premio" y que se aleja de la idea de realizar acciones solo por el gusto de ser practicadas.
Al inicio de una práctica deportiva, este tipo de motivación rige la dinámica ya que el atleta se pauta objetivos que motorizan su acción y, por ende, aumentan la sensación de estar motivados. Con el paso del tiempo y tras atravesar logros y frustraciones, esa motivación extrínseca inicial debería virar hacia una práctica regida más por factores intrínsecos o “autotélicos” , es decir aquellos que parten del propio individuo y que lo impulsan o animan a hacer cosas por el solo placer y gusto de realizarlas.
Aquí entra en juego la capacidad de reestructuración (propia o asistida) que tenga el
deportista para analizar estás variables y modificar sobre la marcha sus intereses, objetivos y prioridades con el fin de renovar su disfrute con la disciplina que practica.
En muchos deportes se respeta una graduación o formación preparatoria para acceder a la competencia, primero desde niveles lúdicos, luego amateurs y posteriormente profesionales o de élite. Sin embargo, en el ámbito del Trail Running (quizás producto de cierta falta de regulaciones y estatutos) se da una particularidad única vinculada a la coyuntura de la organización y metodología de las competencias y entrenamientos: cualquier persona puede inscribirse y participar de carreras más allá de su nivel de preparación. Este aspecto, si bien inclusivo, genera muchas veces una falsa percepción de las habilidades propias y la comparación excesiva, hecho que impacta negativamente en la motivación.
Sumado a esto, el factor grupal (que funciona como motivador externo al principio animando al corredor/a a participar de competencias populares y "obligadas" dentro del circuito de carreras) trabaja como una presión que afecta los esfuerzos y real capacidad del deportista, haciéndolo sentir que será validado sólo si cumple determinados objetivos -tiempos, resistencia, habilidades, etc.-
De esta manera los objetivos y planificaciones terminan siendo impuestos más que
elegidos, logrando que los refuerzos o estímulos que hacen que un sujeto que no sienta
atractiva una tarea, vaya a realizarla por lo que va a experimentar o recibir a cambio.

Frustración en el deporte

La frustración se considera una emoción negativa. Puede manifestarse como una
sensación de insatisfacción, enojo, tristeza o desesperanza y se produce cuando las

expectativas no se cumplen o cuando se enfrentan dificultades para alcanzar un
objetivo.
Esta emoción puede ser causada por una variedad de factores. Es importante aprender a gestionar y superar la frustración para poder continuar avanzando y alcanzando metas.
Desde lesiones hasta falta de progreso en el entrenamiento, pasando por metas irrealistas, problemas de equipo o competencia desleal, es importante que los atletas aprendan a gestionar, tolerar y superar frustraciones para lograr un desempeño óptimo y mantener una actitud positiva hacia el deporte que practica.

Superando la frustración con 8 elementos de inteligencia emocional.
Estos se pueden poner en práctica cuando aparece una crisis o estancamiento en los
resultados de los entrenamientos, generando molestias y sentimientos de frustración.
-Aceptar que la frustración es una parte normal del proceso de aprendizaje. En lugar
de evitarla o reprimirla, es mejor aprender a comprenderla y enfrentarla.
-Identificar la causa de la frustración y trabajar para resolverla. Estos pueden ser
problemas técnicos, falta de preparación física o emocional, o problemas en el proceso de comunicación de objetivos.
-Establecer metas realistas y alcanzables: que puedan dividirse en objetivos pequeños y
alcanzables para evitar sentirse desanimado.
-Aprender a gestionar las emociones y las expectativas: Esto puede incluir técnicas de
relajación, profundizar en recursos mentales, la práctica de la meditación o solicitar el apoyo de un psicólogo deportivo.
Practicar la resiliencia y la perseverancia:
La resiliencia es la capacidad de encontrar significado y aprender de las situaciones
difíciles, utilizando esa experiencia para crecer y mejorar en el futuro.
Buscar feedback del entrenador, compañero de equipo o personas cercanas: o sea,
tener una red de apoyo. Esto puede incluir hablar con un entrenador, para el apoyo en los elementos de índole técnico y como persona experimentada en el deporte. Ventilar las emociones si se presta a escuchar y ofrecer un apoyo independiente y neutral.
Buscar una actividad relajante para hacer fuera del deporte: para ayudar a equilibrar el
estrés y la frustración relacionados con la actividad.
Aprender a enfocarse más en lo que podemos hacer y menos en lo que no podemos.
Logrando enfocarnos en el aquí y el ahora, a no recrear situaciones pasadas en la mente una y otra vez o quedar enganchados en la angustia del futuro o lo que estaría por suceder.

Cuando un atleta se siente frustrado, su concentración puede verse afectada, lo que
lleva a errores y un bajo rendimiento. Además, la frustración puede minar la confianza
y la motivación, lo que hace que el atleta se sienta desanimado y menos dispuesto a
seguir esforzándose. En última instancia, la frustración puede convertirse en un
obstáculo que impide alcanzar el máximo potencial en el deporte.
Crea tu plan de acción.
Establecé objetivos realistas a corto-medio plazo:
Una correcta estrategia de planificación de objetivos logrará evitar que aparezcan
sentimientos como la frustración, la ansiedad y la impotencia por no llegar a alcanzarlos.
Hay que tener presente que tenemos que verlos desde un doble punto de vista, los
individuales y los de equipo (si los hubiera).
¿Cómo tienen que ser esos objetivos? En primer lugar, alcanzables.
Tenemos que ser conscientes de lo que estamos capacitados para lograr porque si
establecemos metas utópicas los resultados serán frustrantes y negativos tanto dentro
como fuera de las carreras.
Hay que saber darse cuenta del suficiente talento, habilidades y tiempo para que se lleven a cabo.
En segundo lugar, tienen que ser medibles para poder ver su evolución desde que
iniciamos la preparación hasta el final de la competencia. Los resultados no siempre son
consecuencia de los procesos pero cada competencia es una prueba para testearnos.
Y por último, deben ser claros.
Si este punto falla, tanto en la descripción como en la transmisión de estos, el resultado no será el esperado.
El corredor debe tener claro lo que quiere, lo que debe invertir y hacerlo de manera prolija, progresiva, a su propio tiempo. Sin fórmulas mágicas ni atajos.
Esto puede conseguirse no mezclando objetivos y respondiendo cuestiones como:
¿Qué es lo que quiero conseguir?
¿Cómo lo tengo que realizar?
¿De qué manera se va a intentar llevar a cabo?
¿Con cuánto tiempo cuento para implementarlo?
Reforzar la idea socrática del “conócete a ti mismo”, es lo que nos va a permitir hacer
conscientes muchos de los estados que transitamos en la preparación de un objetivo y
gestionarlo mejor.

Y no olvidemos lo importante: es imposible ser diferente a lo que somos todos los
días. Buscar la épica es un problema muy actual. Por eso siempre debemos apuntar a
lograr un buen rendimiento (sea lo que eso signifique para cada corredor), de manera
efectiva, acorde a nuestras posibilidades reales y en un tiempo definido.